Por Pedro Lorenzo
Monólogo magistralmente interpretado por Lolita Flores como ya hiciera representando su ‘Colometa’ en ‘La plaza del Diamante’ de Mercé Rodoreda, también con la dirección de Luis Luque, y Mónica Boromello en el diseño de la escenografía. Coincidieron también en ‘Fedra’.
En 1984, siendo director del Teatro Español Miguel Narros, le propuso a José Carlos Plaza montar ‘La casa de Bernarda Alba’ y éste pensó en Lola Flores para el papel de La Poncia que, por motivos de agenda, Lola no pudo hacer, lo que siempre lamentó, aunque le hubiese gustado.
Cuarenta años después, Lolita retoma el papel recreado por Luis Luque de una Poncia que, tras el suicidio de Adela, habla consigo entre tinieblas y filosofa acerca de la vida y la muerte, del amor y del encierro de puertas adentro, aferrándose al silencio. Ella no está, Poncia se revela, grita a su forma por una libertad que les ha sido vetada por una autoritaria Bernarda. Ella conoce los secretos de puertas para adentro y se culpa de no haber hecho más por evitar el suicidio de Adela, la hija más joven de Bernarda, y su preferida.
Un personaje fuerte, Poncia, que se enfrenta al encierro y la dominación a que todas en esa casa y en aquel tiempo tan conservador están sometidas, pone en valor la libertad, la educación, el sexo (el hombre a los 15 días de casado cambia la cama por la mesa y luego la mesa por la taberna), la conciencia de clase (los pobres solo quieren parecerse a los que tienen posibles) o la culpa.
Poncia repite unas estrofas de ‘Gacela de la Muerte Oscura’: «Quiero dormir un rato, un minuto, un siglo; pero que todos sepan que he muerto».
Un papel representado con fuerza y dramatismo en una brillante escenografía de cortinas y sombras, claroscuros y tinieblas. Una escenografía de Mónica Boromello, con una magnifica iluminación de Paco Ariza.
El Teatro Bellas Artes totalmente abarrotado aplaudió en pie largamente tras la representación y la actriz saludó a su hermana Rosario que estaba en el patio de butacas, resaltando la importancia del amor entre hermanos y repitió una frase de la obra: «Quien no quiere a un hermano, tuerce el brazo a lo natural«. Un buen texto bien dirigido y, magistralmente interpretado. Muy recomendable.








