Juan Luis Ruiz-Giménez, en el Centro de Salud Vicente Soldevilla.

‘Otro modelo de atención a la salud es posible’

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ROBERTO BLANCO TOMÁS.

El mes pasado avanzábamos la inminente producción de un documental y un digibook sobre salud comunitaria y cuidados, basado en la experiencia del Centro de Salud Vicente Soldevilla. Como nos parece un tema de gran interés, hemos charlado con Juan Luis Ruiz-Giménez Aguilar, médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, con 45 años de carrera profesional a sus espaldas. Juan Luis fue el coordinador del equipo de Atención Primaria del citado centro de salud, aunque declara haber sido “uno más” de aquel grupo de profesionales convencidos de que había que cambiar el modelo de atención a la salud en el nivel primario.

El equipo de Atención Primaria del Vicente Soldevilla se pone en funcionamiento en julio de 1988, uno de los primeros de Madrid. El ánimo que les guía es “poner en el centro del proceso de la atención del sistema de salud un modelo que llamamos ‘de salud comunitaria’, que viene a ser el conjunto de la salud individual, familiar y colectiva en un barrio dado, con los determinantes que lo caracterizan, para abordar los problemas que sus habitantes tengan de salud”. Con esa perspectiva empieza a funcionar, y desarrolla un modelo de atención acorde con la misma, “cuyo centro era cómo cuidar mejor a las personas y cómo ayudar a que sean capaces de cuidarse mejor a ellas mismas y a su entorno para conseguir unas mejores condiciones de salud y bienestar”. Hay que decir que en ese momento el sistema sanitario público de nuestro país “estaba en el desarrollo de un modelo de atención a la salud en el que la Atención Primaria, hasta ese momento muy enfocada solo en la enfermedad y su tratamiento, evolucionara hacia un enfoque mucho más promotor de salud y de abordaje de los problemas de la misma existentes en cada territorio. Por eso se empezaban a formar los equipos de Atención Primaria en los centros de salud ubicados en barrios donde pudieran abarcar a alrededor de 25.000-30.000 habitantes”.

El barrio

San Diego vive en ese momento “una lucha barrial por las condiciones de vida de la población —recuerda Juan Luis—. Esto es importante y hay que tenerlo en cuenta. Nosotros, profesionales, nos incorporamos a un barrio que tenía una vida comunitaria orientada a mejorar las condiciones de sus habitantes. Y ahí llegamos y nos unimos con esa población, que estaba activa, y empezamos a establecer relaciones con ellos. Eso es lo que nos permite empezar a plantearnos modificaciones en las formas de actuar como centro de salud”. “Había que cambiar muchas cosas”, continúa, “y es importante que se vea como un proceso, en el que íbamos caminando y aprendiendo. Compartíamos saberes, sentires y haceres nuestros con los que la gente tenía. Fuimos creando conjuntamente, porque no había muchas normas. Entonces nos dijimos que lo que había que hacer era abrirse al barrio. Así que nos fuimos a presentar el equipo y lo que íbamos a hacer a los movimientos sociales existentes en el barrio”.

Dicho y hecho, nos explica nuestro interlocutor: “Invitamos a las asociaciones a una reunión para contar lo que hacíamos, y también íbamos dispuestos a escuchar. Así nos enteramos de los problemas del barrio, y sobre todo uno era grave en aquel momento: la infravivienda. Los vecinos nos preguntaron si vivir en esas condiciones influía en la salud, así que nosotros pensamos que podíamos iniciar nuestras acciones yendo a las infraviviendas para conocer su situación y realizar un reconocimiento de la gente que vivía en ellas y sus problemas. Entonces, como había una encuesta nacional de salud en todo el país, aprovechamos el esquema para luego poder comparar. De este modo, en nuestros primeros meses en el barrio, aparte de las consultas, realizamos visitas a los domicilios donde había esos problemas, e hicimos unas fichas. Luego extrajimos una serie de datos, los trabajamos estadísticamente, y de ahí salió un informe donde se veía que las condiciones de vida de esta población estaban influyendo claramente en los problemas de salud que tenían. Lo comparamos con la encuesta nacional, saliéndonos unas diferencias significativas, por lo que nos atrevimos a hacer un informe diciendo que la vivienda era una causa importantísima de enfermedad en el barrio. Lo trasladamos a las asociaciones vecinales, y ellas movieron ese informe, consiguiendo que El País publicara una noticia, que tuvo un impacto impresionante y ayudó a mejorar las condiciones de vida de esta zona”.

Esto confirmó al equipo “que había que tener en cuenta más datos en las historias clínicas”, explica Juan Luis, desarrollando así un nuevo sistema de registro. También se potenciaron las redes con el barrio: “creamos un lugar de encuentro, al que llamábamos Consejo de Salud, con asociaciones vecinales, centros educativos, centros de servicios sociales… donde debatíamos y analizábamos la situación del barrio e intentábamos plantearnos intervenciones con su comunidad. Dentro del centro nos planteamos modificar también la forma de atender a la gente, desde la organización de los horarios, nuestro funcionamiento, las agendas de atención… Siempre nos interesaba mucho que el abordaje no fuera solo individual de la persona, sino teniendo en cuenta a la familia y su colectivo. También aprendimos que había que tener una relación diferente con el paciente, más de apoyo, de seguimiento, de escucha… Y algo muy importante: colaborar en el fortalecimiento de las resistencias que cada individuo tenemos para afrontar las adversidades, inicialmente con todo lo que uno pueda, y sabiendo que al lado puede haber alguien que ayude, ya sea de tu entorno o, si no, también de los servicios públicos. Porque defendíamos que este servicio fuera público y de acceso universal”.

Los cuidados

Esto nos lleva a los cuidados: “Nosotros entendíamos que aunque era importante que se abordara el tema de la enfermedad, su tratamiento, los medicamentos, las tecnologías, etc., también defendíamos que si capacitábamos más a la población ésta sabría cuidarse mejor, evitaría riesgos en la salud y tendría más conocimientos para poder enfrentarse a estos problemas. No hay que olvidar las condiciones del barrio: entendíamos que el entorno medioambiental existente en San Diego era determinante de muchos problemas que teníamos luego en las consultas: procesos respiratorios, procesos de angustias y ansiedades, malestares de la vida cotidiana… que había que abordarlos no solo con medicamentos, sino con acciones mucho más globales. De hecho eso es lo que nos movió a exigir que en el equipo hubiera también un trabajador social y una persona que se dedicara a la fisioterapia; y nos planteamos también, aparte de las consultas en el centro, las visitas a los domicilios… De este modo empezamos a conocer mejor el entorno y comenzamos a ver el papel que tenía el cuidado, lo que nos hizo comprender que nuestro papel en los factores que condicionan la salud de la gente no era el mayor, que había otros, entre los cuales estaba lo que la gente sabe, hace, cuida y siente con los problemas que tiene de enfermedad y salud, y cómo se cuidan unos a otros: los padres a sus hijos, los hijos a sus padres, etc. Empezamos a ver que había una gran cantidad de cuidado que se hacía desde el barrio, desde la comunidad, que hacía posible que la gente tuviera una situación más saludable. Comprender eso nos hizo ver que había que apoyarlo, así que nos empezamos a formar en metodologías educativas desde el ámbito de la salud, y luego empezamos a trabajar con grupos de población. Desde los conocimientos de la gente, que los tiene y muchos, nosotros les dábamos instrumentos para mejorar esos saberes, ampliar conocimientos y habilidades, todo ello a través de talleres. En ese proceso llegamos a hacer una guía pedagógica para formar ‘agentes de salud comunitarios’, que asumían papeles de ser a su vez dinamizadores de esta concepción de la salud comunitaria. Luego esa gente se defendía muy bien, y cuando tenían que ir a exigir tenían conocimientos y discutían de una forma distinta con los gerentes o los políticos, con lo que empezó a haber aquella consideración de que Vallecas es un territorio para tenerlo en cuenta”.

‘Un recordatorio’

En todos estos años “se han hecho muchas cosas interesantes y valiosas”, así que cuando a Juan Luis le llega la hora de jubilarse, el año pasado, plantea al equipo “que sería bueno recopilar cosas de las que habíamos hecho y hacer un recordatorio. Nos parecía que habíamos podido demostrar que es posible otro modelo de atención a la salud, y teníamos el temor por las circunstancias que se están dando de que el sistema sanitario se volviera a hacer mucho más dependiente de la tecnología y mercantilizado. Ante esto pensábamos que teníamos que dejar algo para mover a la reflexión y provocar que más gente se anime para seguir haciendo en otros lugares este tipo de trabajo. Tuvimos la suerte de que una compañera, Edith, conocía a Antonio Girón, de Sandunga Films, al que le contamos esta idea y se ofreció a ser el director del documental. Además decidimos hacer un libro con una unidad didáctica sobre esta experiencia y algunos artículos sobre el tema del cuidado y su relación con el sistema sanitario. Y luego pretendemos hacer charlas y videoforos para difundirlo y generar debates. Además, el documental va a ser copyleft, abierto a que sea utilizado en distintos lugares para la reflexión y la formación de profesionales”.

Así llegamos a la campaña de crowdfunding. “Antonio Girón conocía a la gente de goteo.org, que enseguida se ilusionaron con ello también —nos cuenta Juan Luis—. Las campañas tienen dos fases: la primera es llegar a un mínimo, y lo hemos conseguido. Ahora estamos a punto de terminar la fase final: hemos llegado a los 300 cofinanciadores, que está muy bien, con unos 25.000 euros. Nos ha impactado comprobar toda la gente que nos sigue y que está pendiente de esta iniciativa. Hemos creado un grupo motor, y nos vamos a reunir para empezar la fase de producción final del documental, y así estamos ahora mismo”.

Y así se le ve a Juan Luis Ruiz-Giménez: satisfecho, y con razón, de la labor realizada. “El cuidado es una relación entre el que da y el que recibe —concluye—, tanto a nivel personal como colectivo, y esto me ha servido para entender muchas cosas. Estoy convencido de que, si la ciudadanía trabaja conjuntamente con el sector de los servicios públicos, las transformaciones son más posibles”.

 


Imagen: R.B.T.

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