Por Juan Sin Credo
Septiembre tiene la extraña capacidad de hacernos creer que todo vuelve a empezar. Con solo el cambio de una hoja del calendario, se llenan las mochilas y las aulas recuperan el bullicio de siempre. Aunque cada año escolar deja también preguntas nuevas. Este curso 2026-2027 llega marcado en Puente y Villa de Vallecas por la consolidación de un modelo educativo que ha transformado el mapa escolar: los CEIPSO.
Tras ese acrónimo se encuentran los Centros de Educación Infantil, Primaria y Secundaria Obligatoria, una fórmula que permite a los alumnos permanecer en el mismo centro desde los tres, al menos, hasta los 14 o, incluso, los 16 años. Han nacido para responder al espectacular crecimiento demográfico de zonas residenciales como la del Ensanche de Vallecas y constituyen una de las grandes apuestas del Gobierno regional. Hoy son ya cuatro los CEIPSO que funcionan en el distrito de Villa de Vallecas, una política educativa que ha cambiado profundamente la oferta de la escuela pública en el entorno.
La continuidad del alumnado evita un cambio de centro en una etapa especialmente delicada. Los niños crecen en un mismo espacio físico, mantienen sus vínculos afectivos y las familias encuentran una estabilidad muy valorada. A ello se añade una organización que responde a las necesidades de nuestro tiempo: desayuno, comedor, actividades extraescolares y una amplia franja horaria, prácticamente, desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde, maratoniana jornada que facilita la conciliación laboral y familiar. Durante años, muchas familias buscaron estas prestaciones en la enseñanza concertada. Hoy la escuela pública puede ofrecerlas con garantías.
Sin embargo, precisamente porque el modelo merece consolidarse, conviene analizarlo sin triunfalismos. Las instalaciones se mejoran con una fuerte inyección de presupuesto, pero los proyectos educativos necesitan tiempo. Integrar las etapas de la Educación Primaria y la Secundaria en un mismo centro supone armonizar dos culturas profesionales distintas.
Cambian las metodologías, la organización, las formas de entender la convivencia e incluso la relación con el alumnado. Sus equipos directivos proceden de la etapa de Primaria y asumen el enorme desafío de dirigir centros mucho más complejos. No es una cuestión de voluntad ni de capacidad, sino de formación específica y de acompañamiento institucional.
Si queremos que los CEIPSO alcancen todo su potencial, será imprescindible invertir también en quienes sostienen con su ilusión el proyecto cada mañana.
Mientras tanto, otro fenómeno empieza a hacerse visible. La consolidación de los CEIPSO está dejando a los institutos públicos del distrito con una matrícula cada vez más reducida en los primeros cursos de la ESO. Resulta paradójico que uno de los barrios más jóvenes de Madrid empiece a tener institutos en los que se vacían sus aulas, mientras las promociones de viviendas no dejan de crecer.
Apuesta por la FP
Y quizá en esta coyuntura se encuentra una valiosa oportunidad. Por ejemplo, Villa de Vallecas necesita una apuesta decidida por la Formación Profesional pública. Una oferta amplia de grados medios y superiores que convierta esos «institutos vaciados» en centros de referencia y dé respuesta a cientos de jóvenes que buscan un camino diferente al Bachillerato. Muchas familias no pueden asumir el coste de determinados ciclos concertados y demasiados alumnos terminan la ESO sin encontrar una alternativa en el barrio que conecte con sus capacidades y aspiraciones.
La Formación Profesional hace tiempo que dejó de ser una enseñanza de segunda. Es una herramienta de igualdad, una puerta al empleo y, sobre todo, el camino necesario para construir un proyecto de vida. En un distrito de tradición obrera, apostar por una FP pública potente significa ofrecer un oficio, dignificar el trabajo y evitar que demasiados jóvenes queden atrapados entre el abandono escolar y la precariedad.
L
os CEIPSO han llegado para quedarse y constituyen una respuesta eficaz a una realidad demográfica incuestionable. Pero el verdadero éxito de una política educativa no se mide por el número de edificaciones reformadas para dar cabida al alumnado adolescente, sino por la capacidad de ofrecer un itinerario completo para todos y cada uno de los estudiantes. Desde los tres años hasta la Formación Profesional. Desde el primer cuaderno hasta el primer empleo. Porque la educación pública solo cumple plenamente su misión cuando es capaz de acompañar a cada niño, a cada joven, sin excepción, hasta encontrar su lugar en la sociedad.








